Saturday, August 11, 2012

Cada cosa en su sitio y cada sitio con su cosa

[Introduzca aquí el poema]
[Y aquí el cuento]
[Quizá aquí debería de haber un punto de inspiración]
[Aquí... introduzca un sueño]
[Aquí, un poquito de amor]
[Y ya sólo queda imaginar]
[Imagine las cosas en su lugar]
[A ella]
[A él]
[El silencio]
[Un latido]
[Dos]
[Ninguno]

Sunday, July 29, 2012

No quiero

Que no, que no quiero más tonterías, ni más pensamientos perdidos, ni más sonrisas oxidadas, ni saltos al vacío llevados a cabo por mi ánimo. No quiero más besos callados, más versos en tus fotos, ni oportunidades falsas.
Si sabes leer pensarás que qué me pasa y no habrá respuesta que te valga, no habrá llaves que abran la puerta tras la que está lo que no quieres oír pero quieres saber.
Yo también me pregunto que qué me pasa, pero la pregunta dura muy poco en el aire.
Me pasas tú.
Pero no quiero más lágrimas haciendo la maratón por mis mejillas por tu culpa, no quiero seguir viéndote al cerrar los ojos, ni saboreandote en cada uno de los labios que me besan.
No quiero seguir siendo tu pez en el anzuelo, lo siento.
No quiero nada.
Excepto a ti.

Thursday, July 26, 2012

Y cierra

Cómete las llaves
dime adiós
sin más
sin besos,
sin promesas
sin sonrisas
ni lágrimas.
Y cierra la puerta
que aquí fuera yo
estoy de tormenta

Sunday, July 1, 2012

Llamada a la felicidad

¿Hola?¿Cómo estás? Si, ya ves, cuánto tiempo, si, si. No si te llamaba para ver cómo te iba la vida, qué tal te trata el mundo, si sigues haciéndote de rogar para aparecer por estos lares. Hombre, la verdad es que sí, que yo también he andado un tanto desaparecido estos días, pero deberías de saber que no he dejado de buscarte. No, qué tontería, cómo iba a olvidarme de ti. Sabes que si escribo es porque trato de encontrarte entre las líneas esas que ocupan mi imaginación, no porque prefiera hacer otras cosas antes que estar contigo. No, no, a ver, quiero decir... Oye, mira, lo único que quería era saber que sigues tan interesada en mí como yo en ti, no sé, llámame idiota, pero me gusta jugar las cartas a lo loco, por eso te dije que enamorarse de ti es algo que me tenía que ocurrir. A ver preciosa, que yo quería tener tiempo para mí para poder utilizarlo para estar contigo y de repente, zas, desapareces, como siempre. Bueno muñeca, no te preocupes, sabes que estoy ahí, que no quería sonar borde, perdona, de verdad... No, no voy ahora mismo, no llores, mira, creo que podríamos encontrarnos en el cine, nos echamos unos tiros a un canuto antes y así vamos contentillos a ver la peli ¿Qué te parece? Que sí, claro que voy a ir, sólo faltas tú en el plan. Bueno, vale vale, te espero en la puerta. Si, yo también te quiero. Pues claro que si, claro que sigo queriendo verte. Bueno, qué pregunta, hija, lo que quiero es estar contigo, aunque no pueda verte... Anda, que ahora nos vemos ¿vale? Te quiero.

Sunday, June 10, 2012

Versos que se escriben en silencio

Hay bocas que callan cuando quieren hablar, que no dicen porque no saben, que susurran besos al oído de alguien que no sabe escucharles. Hay labios que dibujan esas bocas en busca de otros que correspondan, en busca de dos palabras mágicas que quieran dar la vuelta al mundo, de seis palabras que resultaron tan obvias en su momento que quedaron olvidadas tras la puerta.
Hay segundos de respiro por cada palabra que una de esas bocas diga, por cada verso que escriba en una mueca, por cada vez que se muerde un labio, que se apaga una estrella, que pidieron que vuelva a pasar por la puerta de tus sueños, a agolparse en tus pesadillas tendiendo la mano para sacarte de ellas.
En esos labios queda escondida la felicidad más fugaz que se conoce, la más intensa. En un beso sobre la pierna izquierda en una noche fría, bajo un abrazo cálido, se pide una revancha, se pide un tiempo de esperar, de esperar a no sé el qué, a no sé quién, a no sé cuándo.
Dibújame en tus labios que me quieres, te dibujaré una sonrisa en los míos, te diré que te hice un poema, que te lo escribí tus sueños y que lo plasmé en tu cuello.
Si tuviera que conocerte, serías la perfecta desconocida, enigmática, diferente de cuanto conozco.
Si tuviera que enamorarte, te diría que escapásemos del mundo, con la luna por testigo y que abandones este mundo, yo te sigo allá donde vayas, allá donde me lleves.
Lo sentimientos no se niegan ni se regalan, se asumen, como los versos en silencio.

Tuesday, June 5, 2012

Vestido de ángel

-Nenita, venga, que vamos a llegar tarde.
-Jo papá, pero es que no quiero. ¿Es necesario ir?
-¿Otra vez con esas? Mira que te castigo al final, ¿Eh?
-Ay papá, que es que no me gusta este vestido.
-Pero nenita, si es el que te compró mamá el otro día antes de irse.
-Ya papi, pero es que es incómodo.
-No te preocupes nenita, ya verás como no te molesta tanto en cuanto te esté dando el aire en la cara. Venga, hombre, termina de ponerte los zapatos.
-Joe, pues no quiero irme, papá.
-Ya lo sé nenita, ya lo sé, pero ya hemos quedado con mamá y se va a enfadar si llegamos tarde.
-Papá, ¿Me atas los cordones? Es que no puedo.
-Claro que si nenita, a ver, levanta un poco el pie.
-Papá, ¿Dónde hemos quedado con mamá?
-Bueno, pues ahí abajo, aunque la abuela dice que es mejor decir que hemos quedado arriba.
-Papá, no lo entiendo, a la abuela no le gustaba mamá.
-Ya hija, ya, pero hay veces que las personas mayores como la abuela, pues chochean, se les va un poquito la cabeza... Tú no te preocupes por lo que diga la abuela, ¿Vale?
-Vale papi. Gracias por atarme los cordones.
-De nada nenita. ¿Ya estás lista? ¿Está todo?
-Creo que sí. Me has dicho que no tengo que llevar nada.
-Ah, no, no te preocupes, no vamos a necesitar nada, creo que invita mamá.
-Pero papá...
-Dime nenita.
-¿Por qué has quitado las cortinas del salón?
-Porque no me gustaron nunca, y aprovechando que mamá se ha ido había pensado en comprar unas nuevas, pero no he tenido tiempo.
-Jo, pues a mí me gustaban.
-Bueno, pues te las regalo, no te preocupes. A ver nenita, vale, a la de tres salimos corriendo y saltamos, ¿vale?
-¿Es una carrera?
-Más o menos, pero esta vez tienes que ganarme si o sí, porque si no, no hay postre ni cena ni nada.
-Vale.
-Venga nenita, una, dos...

Y descubrieron que los trajes de ángel que mamá había preparado no les hacían volar.

Thursday, May 10, 2012

Soñar, beber, escribir

Uno de cada conjugación,
uno de cada de mis favoritos,
uno de cada de hoy
uno de cada mañana

Soñar con vivir
y vivir soñando
que la tierra es muy grande
y yo muy pequeño,
tus ojos muy listos
mi boca muy tuya

Beber por soñar,
si falta algo que me diga
Dime, suéltame, háblame
Y mis dedos no son torpes
al menos en estos lares
menos al acariciarte

Escribir, al menos
por supervivencia
en cada sueño
en cada trago
por cada una
de todas tus miradas

Thursday, May 3, 2012

Subía la calle

Subía la calle para poder bajar, para poder pasar por delante de su ventana cada mañana, con la excusa de lo que fuese, de sacar la basura con el cubo vacío, de sacar al perro que no tenía... El caso era poder tener un par de segundos al día en los que cruzar los dedos porque ella estuviera en su ventana, vistiéndose, mirando al infinito, fumando a escondidas...
Era de esas mujeres imposibles de encontrar, pensaba él, cada vez más convencido de que se la inventaba, de que no era real, quizá porque aparecía una de cada cinco veces que él pasaba.
Nunca tuvo la certeza ni la idea de que ella supiera de sus paseos frente a su ventana, ni supo jamás si ella le había mirado a él siquiera con una pizca de la intensidad que él lo hacía.
Sencillamente, él pasaba. Y pasaba, esperando hacerse ver, a veces con una mujer bajo el brazo, como para darle envidia a alguien que quizá no existiese.
Él tuvo la loca idea de que si la escribía cartas, como un admirador secreto, quizá ella se enamorase de él, sin saber quién era, quizá se enamorase de sus palabras, como si el amor entrase por el buzón y no por la piel.
Pero tampoco era precisamente un experto en amor, así que no sabía de semejantes minucias, ni de sutilezas en lo que enamorar a una mujer se refiere. Estaba convencido de que el hecho de recibir cartas anónimas era suficiente.
Claro, que él no sabía si ella las leía o las tiraba, quizá las usase como papel en sucio, por no darle utilidades más obscenas y degradantes hacia los sentimientos de él.
Todas las cartas las terminaba con una idea de cómo encontrarse, un lugar, una hora y la frase: "Me pregunto quién será el que decida... Seguramente tú"
Por supuesto, los lugares eran imposibles de alcanzar para ambos, pero poco a poco eran más cercanos geográficamente, cada vez estaba más convencido de que ella un día aparecería en alguno de ellos a la hora indicada. Él nunca acudía, nunca estaba, no podía evitar querer generar esa tensión.
El último día, escribió una hora cualquiera de la tarde y la puerta de la casa de ella, el lugar más cercano posible.
Y allí estaba él, cinco minutos antes de lo debido, ignorando que detrás de la puerta la muchacha daba vueltas y vueltas tras la puerta, deseando que el tiempo pasase más rápido para poder abrirla y verle, a quien quiera que fuese que había sido capaz de llegarle tan profundo.
Y pasó lo que tenía que pasar.
Tras un beso, una sonrisa y una charla interminable, se dieron cuenta de que el sol se despedía de ellos, que sí, se alegraba por semejante historia, recién sacada de una imaginación desaforada y descontrolada, pero no se iba a quedar allí mirando para siempre y no lo hizo.
El sol enrojeció el cielo, que como cada atardecer tomaba ese color, como enfurecido porque el astro rey le abandonase.
Y ella se despidió con un "hasta mañana, mi poeta de la prosa" y él con un "Te quiero".
Mientras él retrocedía en dirección a su casa, ella empujó suavemente la puerta, pero la dejó abierta. Él, que no podía evitar darse cuenta, se acercó y la cerró, sin hacer ruido, sin que se notase.
Y todo volvió a la normalidad. Las cartas dejaron de aparecer, ella no volvió a abrir esa puerta y dejó de salir a la ventana. Él dejó de subir la calle y los días comenzaron a hacerse verano.
Y ella le escribió cartas, pero él, dándose por aludido, sólo quería decir "vuelve a abrir la puerta" pero esta vez él cerró la suya.
"Aquí no ha pasado nada" pensó él. Y con el sonido de la guitarra de fondo, unos versos rotos sobre la mesa y un susurro de buenas noches al oído, él durmió, sin volver a saber de ella, sin saber si ella le hablaba a él cuando volvió a salir a la ventana a suspirar para todo el mundo y para nadie.
Para nadie, es decir, para él.

(Ayer leí una frase que me inspiró la historia: "¿Y si no somos nada? Escuché por ahí que dura para siempre")

Saturday, April 28, 2012

Olvidar

Y dar la vuelta,
a las sábanas mojadas
con la manta pegada,
abrir la puerta
saludar, sonrisas
un beso
y olvidar,
olvidar el mundo

Monday, April 16, 2012

Era una locura, vaya.

Resulta que era la mujer perfecta, pero ella nunca lo tenía del todo claro. No sabía por qué, pero cuando alguien se lo susurraba al oído, no se lo creía, Me estarán mintiendo, Pensaba, pero claro, a ver para qué van a mentirle a una mujer perfecta, si ella sabría que era mentira, que para eso era perfecta. Y nadie se daba cuenta de que parte de su perfección era precisamente no saber que lo era, qué gracia va a tener ser perfecta, por dios. Pero algo tenía que tener para ser capaz de enamorar y de demostrar que alguien podía ser buena o mala persona sólo por ella, porque le había prometido un beso caliente en una tarde de Abril, más bien tirando a noche de olvidos y locuras casi involuntarias, porque había prometido involuntariamente espantar el frío que les asaltaba y el aire que él iba a tratar de respirar después de cada beso con sabor a problemas. Problemas de los que dicen, Hola soy la mujer que dicen que es perfecta pero que no se cree serlo, a lo mejor es porque lo soy y eso me hace incapaz de admitirlo, Problemas que irrumpen entre las sábanas cuando uno se va a dormir sin el calor de ella calentando el colchón y espantando pesadillas, que irrumpen cuando el frío de no tener noticias de ella era palpable en el ambiente y uno necesita abrigarse incluso estando a unos pocos centímetros de la hoguera, aún estando a escasas horas de la llama de la alegría que ella había encendido en medio del campo de desolación de dar la vuelta a la vida que había provocado un chantaje tan tonto como Te pago con un beso si te das prisa, Y unos pies que querrían volar sólo un poco más rápido sobre el suelo, unas piernas que quieren ser como las de Usain Bolt, una calle que parece entera cuesta abajo, quizá porque lo sea, unos ojos iluminados porque ya han visto beber varias copas, porque son conscientes de que verán esos labios acercarse a unos que quedan más cerca, porque van a ver unas manos que agarren el cuerpo que tantas y tantas veces han tenido que imaginar tener en la retina.
Curiosas pasadas que juega la memoria, que a veces nos hace ver frente a nosotros las cosas que no existen, que no están presentes, pero que no parecen estar en ningún otro lugar, que nos parecen una especie de presencia etérea, inexistente, pero absolutamente innegable. Que en una de estas decide alguna parte del cerebro que merece la pena volver a soñar con ella, con ese beso que se robaron mutuamente, con el momento que tanto tiempo había esperado, soñar con la conversación más intensa que había salido de unos labios en medio de Gran Vía, Te quiero, no debería haber tardado tanto en decirlo, Te quiero yo también, Prométeme quererme, Prometo quererte si prometes no olvidarme, Un beso que corta las palabras, una escena digna de una novela y sólo dos personas que sean capaces de entender toda una locura como esta, una escena escrita con demasiada frialdad si se compara con el momento, con demasiado calor si se compara el ambiente, con demasiado de Te echo de menos, de Quiero verte.
Era una locura, vaya.