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Saturday, August 11, 2012

Cada cosa en su sitio y cada sitio con su cosa

[Introduzca aquí el poema]
[Y aquí el cuento]
[Quizá aquí debería de haber un punto de inspiración]
[Aquí... introduzca un sueño]
[Aquí, un poquito de amor]
[Y ya sólo queda imaginar]
[Imagine las cosas en su lugar]
[A ella]
[A él]
[El silencio]
[Un latido]
[Dos]
[Ninguno]

Wednesday, March 28, 2012

Imagina que...

Imagina que tengo claro que es lo que siento...
Imagina por un segundo que me atrevo a decirte que seré capaz de desaparecer de este mundo para internarme por las cuevas más oscuras, por los pasajes más remotos y por los callejones más intransitados del tuyo. Suspira pensando en las pisadas de mis pies rompiendo el silencio de tus pensamientos y de todas las imágenes que atraviesan tu mente cuando olvidas que estoy ahí, aunque no físicamente.
¿No notas que cada vez soy un poco más palpable?
Ojalá.
Hoy, justo hoy, siento que mañana, justo mañana, será un día en que volver a leer que hoy, es un día tuyo, porque eres lo único en lo que puedo pensar.
Vamos a hacer como que de verdad creemos en serio que algo o alguien ahí arriba decide por nosotros qué es lo que va a pasar y qué vamos a hacer. Y este sería el momento de pedir el libro de reclamaciones por no dejarnos un poquito más cerca, por no poder estar un centímetro más cerca de tu piel, por no poder besarte cada mínimo milímetro de piel que quede al descubierto cuando te desnudo, tan despacio como soy capaz, como me permite la ansiedad, los nervios y tu mirada.
Porque ambos sabemos que no vas a dejar de mirarme mientras mi aliento y mi pulso se aceleran cada vez más, como cada vez que estamos juntos y te ríes de la facilidad con que me manejas, con la sencillez que siento que eres capaz de manipularme.
Y al abrir los ojos, lo mejor, lo peor, lo único que veo, son tus labios, siempre con un beso dispuesto a ser entregado a alguien que lo merezca, mientras dudo de que yo sea esa persona, mientras busco en tus ojos el mismo sentimiento que creo sentir en los míos sin saber si es cierto. Mientras me veo reflejado tenuemente en lo más profundo de tus pupilas pienso en cada segundo que he sentido que el paraíso se acercaba entre tus labios, que siento lejanos como el sol y por seguir con la misma comparación, igual de cálidos, casi ardientes cuando están demasiado cerca.
Pero demasiado tentadores como para dejarte escapar.
No te debes de imaginar que estoy al borde del llanto al escribir esto pensando en que no sé qué pensar, que no sé qué pensarás cuando lo leas, que me siento tan confuso que ya me parece que la cerveza y el par de chupitos de ron no están distorsionando mi mundo, que de verdad es así...
Daría todo por tener algo en claro y que ese algo fueras tú.
Lo siento, de verdad.
Pero me parece que a veces eres demasiado increíble para ser real y no me termino de creer a mí mismo contigo, de lo que sea, aunque no sepa describirlo.

Dios, ahora mismo mi mente es un torbellino tristemente cargado de nada, de todo y de sentimientos que ni sé describir ni ordenar.

Hay que joderse.

Por favor, no otra vez otro texto que acabe así, que cada vez siento que estoy un poco más harto de la monotonía de mi pésima forma de escribir, de mi incapacidad de mantener la constancia, de no dejar de tener ideas que me parecen cojonudas pero no saber desarrollarlas...
Es posible que sea otra noche más sin tu aliento en el oído diciéndome que me quieres y que no pasa nada, que tú me ayudas y que no haya más noches sin él.
Total, que voy a decir un "buenas noches" por no imaginar que no será de las mejores.
Que por imaginar... imaginaré que sueño.
Por imaginar, que no quede.

Tuesday, February 14, 2012

Carta de romanticismo tardío o felicitación temprana

Querido amor de mi vida:
Sé que esto llegará tarde, como todos los documentos que puedo escribir que están destinados a ser importantes, sobre todo si lo son para mí, o para la persona a la que deben de llegar.
Me he preguntado varios miles de veces cuándo será la próxima vez en que tenga la certeza de que existes y la satisfacción de comprobar que tu piel sigue caliente al tacto cuando la acaricio, que tu cuerpo sigue irradiando esa sensación de calma cuando lo abrazo y aunque sé que esa pregunta es seguramente de las más difíciles de responder de todas las que he escrito o pensado, sé que para cuando ocurra, mis labios seguirán siendo suficientemente arrogantes como para pedirle un beso a los tuyos, seguramente bajo la luz de la luna, como temíamos que nos pasase, bajo ese hechizo que ambos sospechábamos como una cosa certera y absolutamente inevitable si confluíamos bajo el mismo cielo y el mismo brillo en algún momento, impredecible, como cada una de las palabras que nos dedicamos cuando nos queremos decir que nos queremos, como cada segundo que pienso en ti, que acaba por derivar en cualquier otro tema que tenga que ver contigo, que en los últimos años ha acabado por ser prácticamente la totalidad de la existencia que me rodea y me ampara ante la falta de tu calor, la ausencia de noticias tuyas de cerca y el ansia que me corroe a cada minuto por leer algo que sepa que es para mi, aunque cada día me parezca un poquito más imposible que eso ocurra, porque temo que tengas esa capacidad que yo no tengo para olvidarme de que entre nosotros había algo más que un flujo de datos y de píxeles por un ordenador, o dos, o los que sea que haya entre nosotros en cualquier momento.
Posiblemente seas la persona a la que más veces le he dicho que la quiero en mi vida casi desde el día que te conocí, y con certeza casi absoluta eres la persona a la que más veces he llamado amor o la he considerado como tal, aunque fuera de broma algunas veces.
Pero no quería hablar de esto, porque quería que la protagonista de una carta que tú leyeses fuese precisamente tú.
Tú, persistente omnipresente en mis pensamientos, empecinada donde las haya de estar, de seguir ocupando gran parte de mis reflexiones y sobre todo, de mis escritos.
Y que dentro de nada te me haces un año más mayor.
Sinceramente, creo que nada que pudiese decirte ahora mismo fuese suficiente para expresar las ganas que tengo de verte, la necesidad que crece un poquito más en mí de saber de ti cuando veo tu foto, tu nombre en cualquier red social, quizá en un e-mail, en blogger...
Y me temo que olvidé qué canción me recuerda a ti, creo que olvide tu olor, tal vez tu sonrisa cuando me la dedicas, tu mirada de profundidad absoluta y de saber cada uno de mis secretos, tu forma de moverte, un poquito de tu acento... Espero que me regales de nuevo conocer todas esas cosas por este año más en tu vida.
Y espero que sean muchos más, a ser posible conmigo algo más cerca, aunque lo más lejos que quiera estar de ti sea lo que abarca uno de tus abrazos.
¿Qué más decirte que no suene a reutilizado y refrito? ¿Cómo escribirte que te quiero sin sonar a fórmulas preconcebidas ni a ideas ya usadas? ¿Y para qué hacer todo esto sin tener la certeza de que lo leerás como sé que sí que harás con una carta?
Supongo que ya sólo te puedo decir que te quiero, así, sin más, sin adornos innecesarios, sin páginas y páginas de frases que acompañen a esas dos palabras, tan sencillas, tan claras, tan directas y diáfanas como lo que sé que siento por ti aunque a veces no lo admita.
Supongo que esto sería poco como regalo de cumpleaños para alguien tan especial como tú, así que he decidido que tendrás algo más.
Pero que será sorpresa.
Ya llegará, prometo.

                                                                                                             Te quiero,

Sunday, February 5, 2012

Entre calada y calada

Unas manos se dirigen al tabaco
otro ataque, otro arrebato
unos dedos vacilantes
un mechero que duda
y una llama que anida
sobre un cigarro y una herida.

Y como el humo,
subo por las paredes
y si fumo
es porque me puedes.

Me puedes matar y me vas a quitar la vida
querida,
no sé si soy quién para decir:
"Bah, sólo son tonterías"
Fingiré la despedida.

Fingiré que no me importa...
y no será tan malo.
Y fumo por no tener
tu olor entre las manos.

Pero sólo por ser tú.

Mientras miro tus ojos azules, me imagino en lo profundo que debe de ser caer en el cielo que se deja de adivinar en ellos cuando los cierras para dejar de mirarme.
Sueles hacerlo cuando te digo que te quiero, o cuando te miro fijamente, como queriendo decirte tantas y tantas cosas que prefieres adivinar, aunque te guste oírlas salir de mis labios, que miras cuando hablo como si revelasen la verdad más absoluta que haya por ver.
Cuando te desvisto con la mirada, giras la cabeza, dejando que tus rizos tapen tu cara, mientras la pálida piel de tus hombros sale a la luz durante un par de segundos, dejando que una mirada mía los acaricie como si fuese el último momento en que vaya a poder hacerlo.
Si te agarro la mano, me devuelves un apretón de complicidad, presionando mis dedos un por uno, con tus finísimos dedos de pianista en ciernes sin conocimiento alguno sobre música, aparte de tu capacidad de cantarme una nana mientras mantienes mi mirada, con el verde de tus ojos estrellándose contra mi imaginación de libertad en ellos.
Dejando resbalar mis manos por tu espalda, tratando de cartografiar cada milímetro de tu piel morena, cada músculo que tensarás cuando acabemos tumbados otra vez sobre un colchón, cada vez uno diferente, como cada gemido que harás que me estremezca.
Cada vez que quiero besar tu cuello, delgado y alto, como el de un cisne que quisiera tocar el cielo, me encuentro perdido entre la inmensidad de la fuerza de tu respiración, terriblemente cerca de mi oído, demasiado fuerte como para decir que no estás comenzando a tensarte.
Según me empujas hacia la cama, siento cómo caigo y me dejo caer, mareado por tener cada gramo de mi carne pendiente de tu cuerpo al que le sobra toda esa ropa que tan bien te disimulaba el cuerpo, que acabas de empezar a dejar descubrir, aunque no te guste que te lo mire si salimos de la cama.
Noto tu pelo liso cayendo sobre mi cara mientras me muerdes el cuello, me besas y me dejo elevar un poco más cerca del infinito mientras me olvido de que existimos en este mundo y no en otro diferente.
Según me empiezas a robar la ropa para tirarla al suelo noto como me tiemblan las piernas casi tanto como a ti los brazos, que empiezas a no poder controlar conscientemente.
Me arañas la espalda, con tus uñas casi tan largas como la duración de un orgasmo que parece no querer acabar mientras mi peso siga cayendo sobre el tuyo o al revés.
Cierras tus ojos, oscuros como pozos que llevan al infinito, cerrando las puertas del paraíso a todos los mortales que no pudieron mirar a tiempo en la profundidad de una mirada tuya, que me hace viajar hasta la otra punta del mundo con cada respiración agitada que me haces al oído.
Todos los lunares sobre tu piel parecen estar reclamando que los bese cuando sueltas un gemido que no sabes acabar, o que no te dejo callar.
Rompiendo la monotonía, siento como tu cuello, casi tan grueso como el mío se tensa hacia mí, mordiéndome la oreja y tirando hacia ti, reclamando que te bese, que muerda tus labios, delgados como una línea que define lo que es amistad y lo que es amor.
Agarras las sábanas, la cama, mi espalda, lo que sea que te permita no huir de este mundo y te mantenga en él mientras viajas y desapareces de todo lo que nos rodea, sincronizando un segundo de perfección en nuestras vidas.
Las ondulaciones de tu pelo están enredadas, descolocadas de golpearse contra la almohada y el colchón, de no saber cómo ordenarse para no parecer tan caóticos.
Y me miras con tus ojos de color miel, como diciéndome que querrías pasar así una tarde y otra conmigo, o tumbados sobre el sillón rojo de mi sótano, mientras te acaricio la espalda y te beso el cuello.
Y mientras lo hago, me sorprendo de el perfecto color de tu espalda, demasiado claro para llamarse moreno y demasiado oscuro para ser pálido, que no puedo dejar de querer acariciar como si fuese a escapar.
Me acaricias el pecho, mientras me miras y me besas con tus labios carnosos, como si pudiesen comerse el mundo o mis ganas de seguir en él.
No puedo resistir estar en perfecta sintonía contigo, en sentir que he tenido demasiada suerte en acertar al tratar de seducirte como para que de verdad hayas caído en las redes de mi estupidez.
Y tu larguísimo pelo me confunde, me dice que no eres tú, que no soy yo, que esto es todo mentira, porque no puede ser tan bueno y ser real, al menos no tanto tiempo.
Me acaricias con los dedos el cuello, mientras noto que tienes la piel gastada en las yemas de haberte mordido las uñas demasiado, de haberte puesto nerviosa tantas veces.
Y me sorprendo al abrir los ojos y descubrir que no te pareces en nada a ti.
Que respiras calma hasta que te muerden el cuello y que no te puedo tocar la pierna sin ver en tus ojos un atisbo de nerviosismo.
Te miro y recuerdo que ibas vestida enseñando casi demasiado, pero lo justo para que quisiese quitarte todo a mordiscos, o intentarlo, aunque mi éxito sea previsiblemente bajo.
Si no sé qué quiero, me lo aclaras con un simple "fóllame" eliminando toda posible duda al respecto.
Y me descubro pensando que es justo lo que quiero.

Pero sólo por ser tú.

Wednesday, December 21, 2011

Antes de desaparecer (I)

Antes de desaparecer, querría haberme despedido de ti, de tus susurros, de nuestros secretos, de tu sonrisa. Querría haber acariciado por última vez tu espalda en un abrazo, tus brazos en un gesto de complicidad, tu cara en una mirada, tus labios en un beso que sabemos que no va a ocurrir.
Y no va a ocurrir nada de lo que querría, porque a veces pienso que lo que querría eres tú, como siempre tú, mientras yo, idiota de mí, no hago más que desesperarme porque no tengo más que tu fantasma, que el llanto a punto de secarse por tu ausencia, porque el recuerdo, cada vez más difuminado, que tengo de ti, es eso, un recuerdo, no tu persona, ni el cariño que querría tener tuyo, aunque posiblemente tu nunca te dieses cuenta de que no me lo diste.
Te echo de menos desde hace tanto que no sería capaz de contar con los dedos la cantidad de veces que he llegado a pensar en ti al día, pero espero que un vuelo transatlántico, que me estará transportando sobre las olas para cuando estés leyendo esto, si es que lo lees, me ayude un poquito a olvidarme de que quizá estuve enamorado de ti sin querer admitirlo.
Admitiré tener errores cuando crea tenerlos, los corregiré cuando sea posible corregirlos, los recordaré cuando mi memoria no me traicione y tú volverás a estar en un lugar que te corresponde, anclada en el punto más profundo de la dolorosa memoria de saber que nunca llegaste a ser lo que yo quise.
Espero que este año la sorpresa de navidad no tarde tanto en llegar como la última vez.

Es posible que seas la persona con la que más ganas tenía yo de ir en este viaje, y diría otra vez será, pero temo que eso no ocurra nunca.
Te quiero.

Mierda.