La prosa esta hecha para aquellos que no somos capaces de disfrutar de los poemas que escribimos.
Saturday, April 14, 2012
Historia de cómo perder un nombre
Verá usted, hay noches de agosto, que como son muy cortas, hay que hacerlas muy intensas, porque no tenemos tiempo que perder, antes de que el sol inquisidor llegue y nos tengamos que refugiar en una sombra para poder vivir. Una noche cualquiera de cualquier año, cualquier persona puede abrir una botella, reír de felicidad, bailar alrededor de un fuego en medio de la nada, desnudarse, hacer el amor con una desconocida y decirle Muñeca me gustas, me gustan tus curvas y me gusta tu sabor a Ron, tu olor a sudor y folles con desconocidos hasta que una noche se confunde con la siguiente y las horas de sol parecen haberse olvidado de salir de la casa de las estrellas.
Y cuando pasas varias noches seguidas así, alguna la tienes que pasar solo y no tienes nadie a quién hacerle el amor, nadie con quien reír, nadie a quien decirle, mi nombre es Perdedor, no he ganado nada más que kilos y años en mi vida y ni siquiera eso, nadie que baile contigo, nadie que encienda el fuego cuando tú te caes rendido, así que hablas con las botellas, como los astrónomos hablan con las estrellas, pero con más intimidad. Entonces te das cuenta de que también las noches pasan una detrás de otra cuando estás solo, que no eres nadie para le mundo y no va a dejar de girar por ti, así que le das otro trago a la botella y le dices Tú si que me quieres verdad cariño, y vuelves a mojar tus labios de ron, tus pulmones de tabaco, vuelves a toser, y ves a tu mejor amigo reflejado en el fondo de la botella. Y claro es de mala educación no presentarse, así que le dices tu nombre, Hola me llamo Perdedor, y de repente te das cuenta de que el que realmente se llama así es el del fondo de la botella, de una botella que sabe robar nombres pero no sabe devolverlos, porque esa botella huele a desesperación y a soledad, a sábados lluviosos y a espuma de cerveza seca. Así que te das cuenta de que no tienes nombre. Y como no tienes nombre, puedes hacer lo que quieras, porque no eres nadie, así que robas más ron, para que el del fondo de la botella te diga como se llama y así quedarte con su nombre.
Hasta que despiertas en un hospital, lleno de sangre y cicatrices y te das cuenta del desecho que eres y no sabes cómo has acabado ahí, ni cómo volver, ni cómo te llamas y nadie sabe quién eres, así que te echan a la calle con un adiós frío, dejando atrás el olor a vendas, a frío, a ayuda.
Y huyes.
Y así acabas en un bar encontrando tu nuevo nombre, sonriendo a alguien que no conoces y contando cómo perdiste tu vida y tu nombre.
Friday, April 13, 2012
Despertarse
La tarde se estremeció en un escalofrío y el tiempo se detuvo a medio susurro. Un mensaje en el móvil indicaba el fin del mundo racional, que trataba de dar paso de alguna forma lógica al caos que se avecinaba, sin que nadie supiera cómo interrumpirlo. La tensión del ambiente en cualquier sitio del mundo, desapareció por menos de un segundo, mientras un corazón se olvidaba de que el cuerpo que lo alojaba necesitaba de sus latidos para seguir con vida, para mantenerlos a ambos en el mundo que se había olvidado de existir.
Las promesas se olvidaron de ser, las ideas se olvidaron de imaginar, los perros de ladrar, las palomas de volar y el cuerpo que alojaba el corazón... se olvidó de todo por un segundo.
Por un segundo, quizá menos, el mundo pareció desaparecer de entre ellos dos y ese cuerpo se sintió completamente feliz, aunque no tuviese nada, ni una promesa, ni una certeza, ni un hecho, poco más que una sugerencia, que proponían ser feliz durante las horas que dure una noche.
Dormir y dormir era lo único que el corazón pretendía, desatendiendo a los deseos del cuerpo, que pedía más y más, pero se dejaba convencer sin razón alguna por el corazón que latía en él. La razón se olvidó de dar razones y dejó el mandato al corazón, le dio la razón a ella, que sin darse cuenta propuso realizar un sueño involuntario, que dio las pautas para las ensoñaciones oníricas de los próximos días.
Los dedos del cuerpo que alojaban el corazón se volcaron sobre un teclado y no supieron muy bien cómo reaccionar, bailaron solos, se dejaron llevar por el susurro de las teclas chocando con las yemas, con los sentimientos chocando con las palabras en la interminable lucha de que el corazón fuese capaz de decir lo que sentía, frustrado por ser constantemente incapaz. Y ahí, una sonrisa digital dijo poco más que había soñado con él, no con el cuerpo, sino con él, con todo su ser, en toda su triste complejidad, que sólo ella y pocas personas más habían tenido la capacidad de comprender, porque él había sido capaz de apreciar en esa mirada profunda y densa la capacidad de amar que parecía prohibida para ambos.
Las barreras se olvidaron de tapar por un momento las protecciones que ambos se habían puesto de por medio, aunque no lo pudieran creer ninguno.
Y sus labios se acercaron, poco a poco... Hasta que el sueño acabó.
Se despertó, con la boca abierta, con la respiración agitada, con los brazos abrazando el cuerpo de ella, con sus ojos fijos en su precioso y sedoso pelo, con las piernas enredadas en las suyas, con un beso en los labios, con unas lágrimas al borde de los párpados y un susurro sobre la garganta. La besó susurrándole los buenos días y sintió que ése era el mejor sueño de su vida.
A pesar de el pelo revuelto, del aliento de la mañana, del aspecto desaliñado, del sueño, de los bostezos, de las legañas, de las quejas mañaneras... O mejor dicho, con todo ello, confirmó cuánto la había querido siempre.
Cuando dijiste que querías dormir conmigo.
Y se me paró el corazón.
Aunque sólo fuera eso, dormir.
Las promesas se olvidaron de ser, las ideas se olvidaron de imaginar, los perros de ladrar, las palomas de volar y el cuerpo que alojaba el corazón... se olvidó de todo por un segundo.
Por un segundo, quizá menos, el mundo pareció desaparecer de entre ellos dos y ese cuerpo se sintió completamente feliz, aunque no tuviese nada, ni una promesa, ni una certeza, ni un hecho, poco más que una sugerencia, que proponían ser feliz durante las horas que dure una noche.
Dormir y dormir era lo único que el corazón pretendía, desatendiendo a los deseos del cuerpo, que pedía más y más, pero se dejaba convencer sin razón alguna por el corazón que latía en él. La razón se olvidó de dar razones y dejó el mandato al corazón, le dio la razón a ella, que sin darse cuenta propuso realizar un sueño involuntario, que dio las pautas para las ensoñaciones oníricas de los próximos días.
Los dedos del cuerpo que alojaban el corazón se volcaron sobre un teclado y no supieron muy bien cómo reaccionar, bailaron solos, se dejaron llevar por el susurro de las teclas chocando con las yemas, con los sentimientos chocando con las palabras en la interminable lucha de que el corazón fuese capaz de decir lo que sentía, frustrado por ser constantemente incapaz. Y ahí, una sonrisa digital dijo poco más que había soñado con él, no con el cuerpo, sino con él, con todo su ser, en toda su triste complejidad, que sólo ella y pocas personas más habían tenido la capacidad de comprender, porque él había sido capaz de apreciar en esa mirada profunda y densa la capacidad de amar que parecía prohibida para ambos.
Las barreras se olvidaron de tapar por un momento las protecciones que ambos se habían puesto de por medio, aunque no lo pudieran creer ninguno.
Y sus labios se acercaron, poco a poco... Hasta que el sueño acabó.
Se despertó, con la boca abierta, con la respiración agitada, con los brazos abrazando el cuerpo de ella, con sus ojos fijos en su precioso y sedoso pelo, con las piernas enredadas en las suyas, con un beso en los labios, con unas lágrimas al borde de los párpados y un susurro sobre la garganta. La besó susurrándole los buenos días y sintió que ése era el mejor sueño de su vida.
A pesar de el pelo revuelto, del aliento de la mañana, del aspecto desaliñado, del sueño, de los bostezos, de las legañas, de las quejas mañaneras... O mejor dicho, con todo ello, confirmó cuánto la había querido siempre.
Cuando dijiste que querías dormir conmigo.
Y se me paró el corazón.
Aunque sólo fuera eso, dormir.
Veces
Hay veces que me convenzo de que es una tontería seguir pensando en ti, en tus labios, en los susurros que nunca te escuché, en las frases que nunca me dijiste, en todas esas cosas que creí imaginar porque sabía que no eran reales.
Hay veces que me convenzo de que me sensibilizo con el alcohol y te necesito demasiado más de lo que quiero admitir y me doy cuenta de que tengo miedo a salir por la noche y no poder notar tu tacto cerca cuando me he tomado una copa.
Tal vez sea sencillamente que me doy cuenta de que me faltas pero saber que no estás, que se convierte en certeza con dos cervezas, es demasiado para mí.
Me da lástima saber que he estado en el sillón de mi habitación como un cuarto de hora llorando sin saber por qué, escuchando canciones románticas y las dos que compuse en parte pensando en ti, derramando sobre nada en concreto lo poco que me quedaba de integridad moral.
Lo siento, porque sé que también debería haber sido yo el que te hubiese robado un beso en aquel septiembre que me parece tan lejano. Lo siento porque a veces no me parece que esté tanto como me gustaría, porque no sé cómo dejar de ser un desastre contigo, porque a veces no tengo claro qué decirte...
Ahora mismo, me encantaría mirar tus ojos y decirte que te quiero.
Es una de esas veces que te dejas caer sobre el suelo y te parece que el mundo entero debe de estar haciendo lo mismo.
De esas veces que pienso "te echo de menos" y no hace tanto que no te veo.
Veces que sólo te sale decir "te quiero" aunque no sepas a quién.
Hay veces que me convenzo de que me sensibilizo con el alcohol y te necesito demasiado más de lo que quiero admitir y me doy cuenta de que tengo miedo a salir por la noche y no poder notar tu tacto cerca cuando me he tomado una copa.
Tal vez sea sencillamente que me doy cuenta de que me faltas pero saber que no estás, que se convierte en certeza con dos cervezas, es demasiado para mí.
Me da lástima saber que he estado en el sillón de mi habitación como un cuarto de hora llorando sin saber por qué, escuchando canciones románticas y las dos que compuse en parte pensando en ti, derramando sobre nada en concreto lo poco que me quedaba de integridad moral.
Lo siento, porque sé que también debería haber sido yo el que te hubiese robado un beso en aquel septiembre que me parece tan lejano. Lo siento porque a veces no me parece que esté tanto como me gustaría, porque no sé cómo dejar de ser un desastre contigo, porque a veces no tengo claro qué decirte...
Ahora mismo, me encantaría mirar tus ojos y decirte que te quiero.
Es una de esas veces que te dejas caer sobre el suelo y te parece que el mundo entero debe de estar haciendo lo mismo.
De esas veces que pienso "te echo de menos" y no hace tanto que no te veo.
Veces que sólo te sale decir "te quiero" aunque no sepas a quién.
Sunday, April 8, 2012
Pero me parece que si
Ni siquiera huele a ti
ni es cierto que no pueda respirar
ni siquiera me inundo entre lágrimas
ni es cierto que no tenga latidos dentro
ni siquiera sé que siento
ni es cierto que me sienta morir
ni siquiera sé que hacer
ni es cierto que sea el fin del mundo
Pero me parece que si
ni es cierto que no pueda respirar
ni siquiera me inundo entre lágrimas
ni es cierto que no tenga latidos dentro
ni siquiera sé que siento
ni es cierto que me sienta morir
ni siquiera sé que hacer
ni es cierto que sea el fin del mundo
Pero me parece que si
Y aquí no ha pasado nada
Las ventanas se abrieron de par en par, las puertas se salieron de sus goznes, las paredes parecieron temblar mientras se volvían transparentes, el mundo que se había creado desaparecía.
Sus ojos paseaban por la estancia mientras un ejército de palabras calladas demasiado tiempo se preparaba, tomaba posiciones y apuntaba sus lanzas a su corazón. Ella no sabía como responder, no sabía qué hacer y parecía haber olvidado incluso cómo respirar.
Las palabras comenzaron a desfilar por cada recoveco libre que lo permitía en las escasas y derruidas defensas que ella se había creado alrededor. Una boca, en una mueca de dolor, aún no sabía cómo decir la única palabra que faltaba en toda la estancia, inundada por sus gritos silenciosos.
Ella ya no se molestaba siquiera en mirar alrededor. Había comenzado a leer y escuchar detenidamente la forma en que las palabras se habían enhebrado entre ellas, cómo habían creado tantas historias imposibles y ya sabía que ese ataque no era algo que se pudiera evitar, que llegaría tarde o temprano.
No supo qué decir, sin recordar que las palabras sólo se pueden atacar con palabras.
Ella comenzó a sentir los primeros pinchazos de las lanzas de las palabras, atravesando sus sentimientos...
Y a esta historia le falta un final, que te pido que le pongas tú. El que más te guste, el que quieras, el que creas que es el mejor. No diré una palabra en contra de lo que decidas.
Diré una última vez que te quiero.
Y aquí no ha pasado nada.
Sus ojos paseaban por la estancia mientras un ejército de palabras calladas demasiado tiempo se preparaba, tomaba posiciones y apuntaba sus lanzas a su corazón. Ella no sabía como responder, no sabía qué hacer y parecía haber olvidado incluso cómo respirar.
Las palabras comenzaron a desfilar por cada recoveco libre que lo permitía en las escasas y derruidas defensas que ella se había creado alrededor. Una boca, en una mueca de dolor, aún no sabía cómo decir la única palabra que faltaba en toda la estancia, inundada por sus gritos silenciosos.
Ella ya no se molestaba siquiera en mirar alrededor. Había comenzado a leer y escuchar detenidamente la forma en que las palabras se habían enhebrado entre ellas, cómo habían creado tantas historias imposibles y ya sabía que ese ataque no era algo que se pudiera evitar, que llegaría tarde o temprano.
No supo qué decir, sin recordar que las palabras sólo se pueden atacar con palabras.
Ella comenzó a sentir los primeros pinchazos de las lanzas de las palabras, atravesando sus sentimientos...
Y a esta historia le falta un final, que te pido que le pongas tú. El que más te guste, el que quieras, el que creas que es el mejor. No diré una palabra en contra de lo que decidas.
Diré una última vez que te quiero.
Y aquí no ha pasado nada.
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Saturday, April 7, 2012
últimamente lo único que necesito es imaginarte a mi lado
Y mientras las mínimas vibraciones en el aire que componían ese susurro se destrenzaban, la realidad se descosía, dejando al descubierto cada pequeño remiendo de dolorosa certeza existencial que nos habíamos creado para sobrevivir, para soportar el hecho de saber que nos habíamos inventado un mundo en el que pretendíamos estar viviendo.
Y viendo como se deshilachaba el rastro de felicidad que habíamos dejado entre píxeles, bits y sitios virtuales, te diste cuenta un poco sin querer de que un comentario tuyo era una idea mía y una fuente de inspiración suficiente como para remendar el mundo, para dejarte claro que te sigo echando de menos, que te sigo queriendo aunque parezca mentira.
A veces me sorprendo con este tipo de cosas, no sé si por ti, por mí, por la telaraña de sensaciones indistinguibles que tengo en la cabeza o por el mundo que me he inventado para no decir que estoy loco.
Y viendo como se deshilachaba el rastro de felicidad que habíamos dejado entre píxeles, bits y sitios virtuales, te diste cuenta un poco sin querer de que un comentario tuyo era una idea mía y una fuente de inspiración suficiente como para remendar el mundo, para dejarte claro que te sigo echando de menos, que te sigo queriendo aunque parezca mentira.
A veces me sorprendo con este tipo de cosas, no sé si por ti, por mí, por la telaraña de sensaciones indistinguibles que tengo en la cabeza o por el mundo que me he inventado para no decir que estoy loco.
Wednesday, March 28, 2012
Imagina que...
Imagina que tengo claro que es lo que siento...
Imagina por un segundo que me atrevo a decirte que seré capaz de desaparecer de este mundo para internarme por las cuevas más oscuras, por los pasajes más remotos y por los callejones más intransitados del tuyo. Suspira pensando en las pisadas de mis pies rompiendo el silencio de tus pensamientos y de todas las imágenes que atraviesan tu mente cuando olvidas que estoy ahí, aunque no físicamente.
¿No notas que cada vez soy un poco más palpable?
Ojalá.
Hoy, justo hoy, siento que mañana, justo mañana, será un día en que volver a leer que hoy, es un día tuyo, porque eres lo único en lo que puedo pensar.
Vamos a hacer como que de verdad creemos en serio que algo o alguien ahí arriba decide por nosotros qué es lo que va a pasar y qué vamos a hacer. Y este sería el momento de pedir el libro de reclamaciones por no dejarnos un poquito más cerca, por no poder estar un centímetro más cerca de tu piel, por no poder besarte cada mínimo milímetro de piel que quede al descubierto cuando te desnudo, tan despacio como soy capaz, como me permite la ansiedad, los nervios y tu mirada.
Porque ambos sabemos que no vas a dejar de mirarme mientras mi aliento y mi pulso se aceleran cada vez más, como cada vez que estamos juntos y te ríes de la facilidad con que me manejas, con la sencillez que siento que eres capaz de manipularme.
Y al abrir los ojos, lo mejor, lo peor, lo único que veo, son tus labios, siempre con un beso dispuesto a ser entregado a alguien que lo merezca, mientras dudo de que yo sea esa persona, mientras busco en tus ojos el mismo sentimiento que creo sentir en los míos sin saber si es cierto. Mientras me veo reflejado tenuemente en lo más profundo de tus pupilas pienso en cada segundo que he sentido que el paraíso se acercaba entre tus labios, que siento lejanos como el sol y por seguir con la misma comparación, igual de cálidos, casi ardientes cuando están demasiado cerca.
Pero demasiado tentadores como para dejarte escapar.
No te debes de imaginar que estoy al borde del llanto al escribir esto pensando en que no sé qué pensar, que no sé qué pensarás cuando lo leas, que me siento tan confuso que ya me parece que la cerveza y el par de chupitos de ron no están distorsionando mi mundo, que de verdad es así...
Daría todo por tener algo en claro y que ese algo fueras tú.
Lo siento, de verdad.
Pero me parece que a veces eres demasiado increíble para ser real y no me termino de creer a mí mismo contigo, de lo que sea, aunque no sepa describirlo.
Dios, ahora mismo mi mente es un torbellino tristemente cargado de nada, de todo y de sentimientos que ni sé describir ni ordenar.
Hay que joderse.
Por favor, no otra vez otro texto que acabe así, que cada vez siento que estoy un poco más harto de la monotonía de mi pésima forma de escribir, de mi incapacidad de mantener la constancia, de no dejar de tener ideas que me parecen cojonudas pero no saber desarrollarlas...
Es posible que sea otra noche más sin tu aliento en el oído diciéndome que me quieres y que no pasa nada, que tú me ayudas y que no haya más noches sin él.
Total, que voy a decir un "buenas noches" por no imaginar que no será de las mejores.
Que por imaginar... imaginaré que sueño.
Por imaginar, que no quede.
Imagina por un segundo que me atrevo a decirte que seré capaz de desaparecer de este mundo para internarme por las cuevas más oscuras, por los pasajes más remotos y por los callejones más intransitados del tuyo. Suspira pensando en las pisadas de mis pies rompiendo el silencio de tus pensamientos y de todas las imágenes que atraviesan tu mente cuando olvidas que estoy ahí, aunque no físicamente.
¿No notas que cada vez soy un poco más palpable?
Ojalá.
Hoy, justo hoy, siento que mañana, justo mañana, será un día en que volver a leer que hoy, es un día tuyo, porque eres lo único en lo que puedo pensar.
Vamos a hacer como que de verdad creemos en serio que algo o alguien ahí arriba decide por nosotros qué es lo que va a pasar y qué vamos a hacer. Y este sería el momento de pedir el libro de reclamaciones por no dejarnos un poquito más cerca, por no poder estar un centímetro más cerca de tu piel, por no poder besarte cada mínimo milímetro de piel que quede al descubierto cuando te desnudo, tan despacio como soy capaz, como me permite la ansiedad, los nervios y tu mirada.
Porque ambos sabemos que no vas a dejar de mirarme mientras mi aliento y mi pulso se aceleran cada vez más, como cada vez que estamos juntos y te ríes de la facilidad con que me manejas, con la sencillez que siento que eres capaz de manipularme.
Y al abrir los ojos, lo mejor, lo peor, lo único que veo, son tus labios, siempre con un beso dispuesto a ser entregado a alguien que lo merezca, mientras dudo de que yo sea esa persona, mientras busco en tus ojos el mismo sentimiento que creo sentir en los míos sin saber si es cierto. Mientras me veo reflejado tenuemente en lo más profundo de tus pupilas pienso en cada segundo que he sentido que el paraíso se acercaba entre tus labios, que siento lejanos como el sol y por seguir con la misma comparación, igual de cálidos, casi ardientes cuando están demasiado cerca.
Pero demasiado tentadores como para dejarte escapar.
No te debes de imaginar que estoy al borde del llanto al escribir esto pensando en que no sé qué pensar, que no sé qué pensarás cuando lo leas, que me siento tan confuso que ya me parece que la cerveza y el par de chupitos de ron no están distorsionando mi mundo, que de verdad es así...
Daría todo por tener algo en claro y que ese algo fueras tú.
Lo siento, de verdad.
Pero me parece que a veces eres demasiado increíble para ser real y no me termino de creer a mí mismo contigo, de lo que sea, aunque no sepa describirlo.
Dios, ahora mismo mi mente es un torbellino tristemente cargado de nada, de todo y de sentimientos que ni sé describir ni ordenar.
Hay que joderse.
Por favor, no otra vez otro texto que acabe así, que cada vez siento que estoy un poco más harto de la monotonía de mi pésima forma de escribir, de mi incapacidad de mantener la constancia, de no dejar de tener ideas que me parecen cojonudas pero no saber desarrollarlas...
Es posible que sea otra noche más sin tu aliento en el oído diciéndome que me quieres y que no pasa nada, que tú me ayudas y que no haya más noches sin él.
Total, que voy a decir un "buenas noches" por no imaginar que no será de las mejores.
Que por imaginar... imaginaré que sueño.
Por imaginar, que no quede.
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te echo de menos,
te echo de menos.,
Tu
Sunday, March 18, 2012
Un beso de buenas noches
Cada vez que se acerca, me palpita cualquier cosa menos el corazón. No tengo claro cómo pero me roba el aliento y los latidos hasta que está lo suficientemente cerca como para que yo los recupere todos juntos.
Su imperturbable sonrisa es capaz de darme la vuelta a las ideas, por increíble que me siga resultando.
A veces pienso que es un tesoro por descubrir que tengo la suerte de haber encontrado y que no quiero mirar demasiado por miedo a que se desgaste o deje de mirarme con los buenos ojos que me ve.
Tengo la sensación de que sabe qué pienso siempre, de que me maneja como si fuera una marioneta barata de la feria, de esas que después tiras preguntando por qué la guardaste tanto tiempo. Pero también puedo leer en su mirada cuando me examina como queriendo recordar cómo soy, aunque ya lo sepa.
Y si por algún casual pierde alguna mínima expresión de alegría, se las ingenia para aparecer como una persona feliz, aunque no tenga por qué serlo.
Es una mujer que siempre tiene un beso en los labios y un te quiero encadenado, un mordisco por ofrecer y uno por recibir, una sonrisa de regalo y una frase para arrancarte otra, un guiño cómplice y unos ojos atentos, muy poca ropa y demasiada para mi gusto...
Es según ella una del montón y según yo, de la parte de arriba del montón, en donde sólo algunas pueden pararse a ver todas las estrellas que nadie más ve. Pero ella eclipsa a todos los astros que pudieran verse en el cielo y no se da cuenta, mientras busca desesperada alguna marca de que no han desaparecido los mapas estelares ni los cuerpos celestes.
Y es una mujer que seguramente no sepa que digo esto por ella, pero se dará por aludida de todas maneras.
Como debería ser, por supuesto.
Repasando apuntes sobre ti, me he dado cuenta de una cosa...
Sigo buscando una cosa, quizá dos...
Un te quiero de tus labios
Y un beso de buenas noches que no quiera darte.
Su imperturbable sonrisa es capaz de darme la vuelta a las ideas, por increíble que me siga resultando.
A veces pienso que es un tesoro por descubrir que tengo la suerte de haber encontrado y que no quiero mirar demasiado por miedo a que se desgaste o deje de mirarme con los buenos ojos que me ve.
Tengo la sensación de que sabe qué pienso siempre, de que me maneja como si fuera una marioneta barata de la feria, de esas que después tiras preguntando por qué la guardaste tanto tiempo. Pero también puedo leer en su mirada cuando me examina como queriendo recordar cómo soy, aunque ya lo sepa.
Y si por algún casual pierde alguna mínima expresión de alegría, se las ingenia para aparecer como una persona feliz, aunque no tenga por qué serlo.
Es una mujer que siempre tiene un beso en los labios y un te quiero encadenado, un mordisco por ofrecer y uno por recibir, una sonrisa de regalo y una frase para arrancarte otra, un guiño cómplice y unos ojos atentos, muy poca ropa y demasiada para mi gusto...
Es según ella una del montón y según yo, de la parte de arriba del montón, en donde sólo algunas pueden pararse a ver todas las estrellas que nadie más ve. Pero ella eclipsa a todos los astros que pudieran verse en el cielo y no se da cuenta, mientras busca desesperada alguna marca de que no han desaparecido los mapas estelares ni los cuerpos celestes.
Y es una mujer que seguramente no sepa que digo esto por ella, pero se dará por aludida de todas maneras.
Como debería ser, por supuesto.
Repasando apuntes sobre ti, me he dado cuenta de una cosa...
Sigo buscando una cosa, quizá dos...
Un te quiero de tus labios
Y un beso de buenas noches que no quiera darte.
Coherencia.
Estoy sentado, o quizá no, buscando o tratando de perder alguna forma de acordarme de olvidarte, o recordar que estás tan cerca que eres intangible de lejanía.
Creo que quiero acercarme, pero juraría estar dejando libre tu espacio, tal vez será que estoy loco y demasiado cuerdo para admitirlo, pero juraría haberte visto sonriendo mientras llorabas y no haber podido contener la risa que me surgía entre la pena.
Ahora sí, no sé ser coherente.
Ven aquí y hazme inmortal
Mejor si es con un te quiero al oído
un poco de risas y una tarde con cupido
no, no, yo no lo he pedido,
dije una sugerencia que a ti no se te ha ocurrido,
no es tanto lo que pido,
estar contigo,
un gemido,
una sonrisa, si
casi normal.
Tu ven aquí
y hazme inmortal.
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